7 de des. 2016

Superhéroes

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Ya tengo la edad definitivamente desbordada para dedicarme a ello muy en serio, pero el caso es que, un poco empujado por mis hijos, estoy leyendo los superhéroes que nunca antes había leído. En casa había dos o tres cosas (Miller, Mazzuchelli, algo de Kirby, un tomo de aventuras de Superman, poco más), me llegaron de rebote otras dos o tres y en fin, la Xarxa de Biblioteques Municipals ha hecho el resto. Leo y me dejo llevar, y como la cosa funciona mejor no hago más preguntas.
Descubro, para qué engañarnos, montones de material infumable; de hecho, cosas como la boda de Johnny Storm con Alicia Masters (por decir algo que me ha horrorizado recientemente) hacen que me pregunte una y otra vez cómo podían ser éstas las pinzas que sujetaban la industria en los 90, cuando no había otra cosa. Pero sería injusto no decir también que tengo la sensación de estar cubriendo lagunas, de descubrir una retórica coherente, una lógica interna en la que moverse. Algo que me había perdido por una mezcla de, ay, prejuicios y desconocimiento. También, simplemente, porque a todo no se puede estar.
Es obvio que llego tarde, claro. Me pasma de repente cosas como esa especialidad de Víktor von Muerte que es el insulto adjetivado: "¡lamentable gusano!", "¡despreciable mequetrefe!". No estoy preparado aún para "Superman All Star", que no puedo evitar situar entre lo afectado y lo ininteligible, pero tengo ahí un tomo de Los Vengadores dibujado por un tal John Buscema que oye, mejor enterarse tarde que nunca, no lo hace nada mal el tipo...